La declaración de la señora Tibisay Lucena, presidenta del CNE, confirma que los gobiernos autoritarios hacen los que le vienen en gana con la voluntad de los pueblos y ante cualquier reclamo, “sí, tienes toda la razón, pero no pasas”.
Hacer con el 46% de las cajas la misma auditoria que se le hizo al 54 % del día de las elecciones, donde se suponía que todo estaba normal, por lógica que el resultado va a ser el mismo, se trata de confrontar recibos con chorizo o acta. Allí no estaría en juego la voluntad del pueblo, porque a la luz del momento, todo resulta perfecto.
Si el CNE hiciera lo que el candidato Henrique Capriles está pidiendo a nombre de los más de 7 millones de venezolanos que votamos por su propuesta, el gobierno estaría entonces convalidando y admitiendo que el candidato oficialista gano con fraudes y estafas continuadas, que de manera abierta, y abusiva hizo la estructura montada para tal fin. Fue público y notorio.
Por eso, es difícil que el mal llamado Poder Moral acepte revisar cuántos muertos votaron, cuántos multi cedulados votaron en distintas mesas; los votos realizados por miembros de mesa o sujetos prestados para ello, aprovechando que no había ni miembros ni testigos de la oposición, al haber sido retirados a la fuerza de los centros. Los extranjeros que votaron sin estar legalmente aptos, pero les dieron cédula para hacerlo, como se presume que ocurrió con cubanos, chinos, y de otras nacionalidades que laboran para las misiónes.
Si esto no hubiese ocurrido, bienvenida sea la auditoria simple, es decir, comparar recibos con chorizo o acta de escrutinio, pero al surgir una duda razonable como la planteada por el factor democrático, después del grosero ventajismo y el terror desatado por los paramilitares rojos, moralmente y políticamente es obligatorio revisar las firmas y huellas estampadas en los cuadernos de votación. Es obligatorio oír y declarar en un sumario a los testigos que fueron sacados de los centros de votación. Investigar porqué hubo centros donde el candidato rojo sacó más votos que el finado.

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