domingo, 7 de abril de 2013

Se respiran aires de cambio

[Eduardo Orozco]


El brillante sol del domingo impregnó de energía y entusiasmo a los cientos de miles que marcharon hacia la avenida Bolívar, pero también produjo un calor agobiante.

Me llamó la atención que una marchista, con gorra y franela del candidato de la Unidad, se acercó a un camión forrado de afiches del candidato oficial y su conductor, que observaba la multitud, le entregó una botella de agua.  

Me pareció un hecho curioso.
Decidí acercarme y pedirle amablemente una botella de agua para mí. El hombre de franela roja me la entregó con una sonrisa y le agradecí con un gesto amistoso.

Algo está pasando. Parece que el discurso de la confrontación se desvanece y la insistencia de Henrique Capriles en el reencuentro está dando sus frutos.

Ojala esta no sea una anécdota aislada y signifique un cambio de actitud de un sector que durante 14 años ha repetido las consignas y la conducta de quienes están interesados en mantenernos separados y divididos.

El discurso del candidato Maduro está orientado a acusar a la oposición de enemigos, asegura que vienen a “quitarle” al pueblo humilde sus conquistas, de oligarcas que “odian” a los pobres, y otras versiones del discurso rancio de la “lucha de clases”.

La Unidad, por el contrario, cree en una Venezuela sin divisiones, en una Venezuela para todos, y Capriles tiende su mano al “pueblo chavista”, dándoles garantías de que sus condiciones de vida serán mejores, donde viviremos con seguridad, donde serán verdaderos propietarios de sus viviendas y el color de su franela no será un requisito para conseguir trabajo.

Esta poderosa oferta social, unida a la circunstancia de que “Maduro no es Chávez” significa una notable diferencia con el escenario electoral de las pasadas elecciones de octubre de 2012.

La comparación es inevitable y los constantes errores del Encargado están causando estragos dentro del campo del oficialismo. A la ausencia de “gracia” hay que sumar las evidentes dificultades para articular una propuesta atractiva y fresca. Toda la campaña descansa en la esperanza de que el electorado vea en Maduro la reencarnación del difunto líder.

Sin exagerar, el cuento del “pajarito” ha producido un terrible efecto en las filas de sus simpatizantes. Las burlas son constantes y la imagen del candidato rojito queda a merced de la desconfianza y la descalificación de sus propios electores. Yo he sido testigo de este fenómeno.

Por su parte, Henrique ha superado con creces su propio desempeño en este proceso que culmina el 14 de abril. Ha logrado una conexión más eficaz y directa con el electorado en cada región visitada. Ha pasado a la ofensiva y la propia presión del breve tiempo de campaña le ha permitido desarrollar una dinámica actividad con un ritmo vertiginoso que supera el lento y pesado proceder del candidato oficial.

Si sumamos a estos factores la desastrosa gestión de Gobierno del Presidente encargado, que en un poco mas de 100 días ha decretado dos devaluaciones, se han incrementado las cifras de víctimas de la inseguridad, han vuelto los apagones, suben de precio y escasean los productos alimenticios, etc. debemos aceptar que no son las mejores condiciones para el candidato designado.

Las grandes concentraciones realizadas hasta ahora en todo el país, y la multitudinaria manifestación de este domingo 7 de abril en Caracas parecen señalar un cambio significativo en las tendencias.

No podemos cuantificar la magnitud del desplazamiento del voto popular hacia Capriles pero es evidente que estamos presenciado un cambio.

¿Suficiente para ganar? Lo sabremos el 14 de abril.

(Fotos cortesía de Dalia Gutiérrez)

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