Me llamó la
atención que una marchista, con gorra y franela del candidato de la Unidad, se
acercó a un camión forrado de afiches del candidato oficial y su conductor, que
observaba la multitud, le entregó una botella de agua.
Me pareció un hecho curioso.
Me pareció un hecho curioso.
Decidí
acercarme y pedirle amablemente una botella de agua para mí. El hombre de franela roja me la
entregó con una sonrisa y le agradecí con un gesto amistoso.
Algo está
pasando. Parece que el discurso de la confrontación se desvanece y la
insistencia de Henrique Capriles en el reencuentro está dando sus frutos.
Ojala esta
no sea una anécdota aislada y signifique un cambio de actitud de un sector que
durante 14 años ha repetido las consignas y la conducta de quienes están
interesados en mantenernos separados y divididos.
El discurso
del candidato Maduro está orientado a acusar a la oposición de enemigos, asegura
que vienen a “quitarle” al pueblo humilde sus conquistas, de oligarcas que “odian”
a los pobres, y otras versiones del discurso rancio de la “lucha de clases”.
La Unidad, por el contrario, cree en una Venezuela sin divisiones, en una
Venezuela para todos, y Capriles tiende su mano al “pueblo chavista”, dándoles
garantías de que sus condiciones de vida serán mejores, donde viviremos con
seguridad, donde serán verdaderos propietarios de sus viviendas y el color de
su franela no será un requisito para conseguir trabajo.
Esta
poderosa oferta social, unida a la circunstancia de que “Maduro no es Chávez”
significa una notable diferencia con el escenario electoral de las pasadas
elecciones de octubre de 2012.
La
comparación es inevitable y los constantes errores del Encargado están causando
estragos dentro del campo del oficialismo. A la ausencia de “gracia” hay que
sumar las evidentes dificultades para articular una propuesta atractiva y fresca.
Toda la campaña descansa en la esperanza de que el electorado vea en Maduro la
reencarnación del difunto líder.
Sin
exagerar, el cuento del “pajarito” ha producido un terrible efecto en las filas
de sus simpatizantes. Las burlas son constantes y la imagen del candidato
rojito queda a merced de la desconfianza y la descalificación de sus propios
electores. Yo he sido testigo de este fenómeno.
Por su
parte, Henrique ha superado con creces su propio desempeño en este proceso que
culmina el 14 de abril. Ha logrado una conexión más eficaz y directa con el
electorado en cada región visitada. Ha pasado a la ofensiva y la propia presión
del breve tiempo de campaña le ha permitido desarrollar una dinámica actividad
con un ritmo vertiginoso que supera el lento y pesado proceder del candidato
oficial.
Si sumamos
a estos factores la desastrosa gestión de Gobierno del Presidente encargado, que en un poco mas de 100 días ha
decretado dos devaluaciones, se han incrementado las cifras de víctimas de la
inseguridad, han vuelto los apagones, suben de precio y escasean los productos
alimenticios, etc. debemos aceptar que no son las mejores condiciones para el
candidato designado.
Las grandes
concentraciones realizadas hasta ahora en todo el país, y la multitudinaria
manifestación de este domingo 7 de abril en Caracas parecen señalar un cambio
significativo en las tendencias.
No podemos
cuantificar la magnitud del desplazamiento del voto popular hacia Capriles pero
es evidente que estamos presenciado un cambio.
¿Suficiente
para ganar? Lo sabremos el 14 de abril.
(Fotos cortesía de Dalia Gutiérrez)
(Fotos cortesía de Dalia Gutiérrez)
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