[Luis Daniel Álvarez V.]
Será
difícil recoger en la historia la sensación que se vivió la noche del domingo 10
de marzo. Después de unas elecciones en octubre de 2012 en las que se habían
generado grandes expectativas, el país entró en una debacle que llevó a una
desmovilización que se convirtió en una derrota fuerte en las elecciones de
diciembre. Sin embargo, el compromiso que Henrique Capriles adquirió esa noche,
despertó a una ciudadanía que salía de un letargo rumbo a una gran movilización
electoral.
La
tarea no es sencilla, pues corresponde enfrentarse a un régimen abusador. Sin
embargo, la clave está en votar masivamente y en cuidar el voto. La campaña ha
estado llena de aciertos. Desde ir con una tarjeta única hasta hacer
movilizaciones simultáneas en varios estados del país. Todo eso, unido al
trabajo mancomunado de militantes políticos e independientes que se han
comprometido a llevar adelante diversas tareas, desde proponer algunos
criterios para que se inserten en el programa de gobierno, hasta repartir
volantes y pegar propaganda, nos conducirá a la victoria.
La
gran diferencia entre ambos comandos estriba en que el del continuismo es
centralizado, mientras que el nuestro ha fomentado que se creen comandos
familiares y de amigos.
Venezuela
ha empezado a despertar del sueño tan pesado que este régimen impuso. Con los
votos, el trabajo unitario y la esperanza, el sentimiento que sembró Capriles
aquella lejana noche de marzo cuando asumió capitanear a todos los demócratas,
se transformará en un grito de algarabía emitido por millones de gargantas de
personas cuyo meñique estará impregnado en tinta, anunciando el 14 de abril que
ganamos las elecciones.

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