“Expropiar es robar”
porque significa arrebatarle a otro lo que éste produjo, y lleva directo a la pérdida absoluta temprano
o tarde, cuando el ladrón descuida lo que nada le costó y luego abandona sin
dolor alguno, tal ocurre en “República Bolivariana” (RB) desde hace 14 años. El
empeño por el menor esfuerzo conduciría a los caminos cortos, a los atajos por los
que van los aprovechadores burlando a los que
apostaron años de trabajo para levantar un patrimonio particular, o
colectivo si se tratara de las obras del pueblo.
Así, nadie se excluiría
del sentimiento de rabia hacia los sujetos que de tanto “expropiar o robar” la
riqueza de Venezuela entera, cada vez acercan más el fin del abuso del petróleo
sin previsiones a futuro, a sabiendas de su maldad. Hasta allí llegarían los
regalos a invasores castro-comunista-bolivarianos y demás allegados, pero
también hacia adentro a la gasolina barata, las misiones para ganar votos, y al
contrario se vendría encima el mayor deterioro de los bienes y servicios
públicos.
[Josué Fernández Alvarado]
Atajo es sacar ventaja del trabajo realizado por otro que
ahora es difunto, a quien habrían faltado el debido respeto con la inútil
prolongación de su agonía, el desconocimiento de su voluntad de unas humildes
exequias, y la sepultura en tierra natal. La extensión a dos semanas de
velorio, y la exposición continuada a la vista de fisgones, se calcularían en
ganancias para la campaña electoral del que pretende un supuesto reemplazo
filial careciendo de méritos equiparables, y solo contaría con fantasiosas
apariciones de muertos que proclama sin vergüenza.
El tomar atajos igualmente sería política expresa del
régimen bolivariano cuando se adjudica en exclusiva la propiedad de los colores
de la bandera nacional y de la memoria del libertador Simón Bolívar,
construidos en más de doscientos años de vida republicana. Sin embargo, como muestra
de desprecio a lo que dicen defender, de golpe
y porrazo se degradan como vende-patrias al izar la bandera y cantar el
himno de Cuba, en actos oficiales, y hasta llegan a insinuar el corromper a los
niños venezolanos haciéndoles entonar una canción intrusa.
De atajo en atajo, ya hay menos caminos cortos para el
trajín del régimen bolivariano, mientras se agota el asombro ante trucos vueltos
predecibles, el público aburrido se sale de la carpa, y para ver el circo ya no
se cobra entrada sino que se paga por hacer bulto. Si por lamentable error se
le diera prórroga a esa función el 14-A, muy caro para todos resultaría
sostener aquel tinglado que ninguno de ellos ganó con esfuerzo propio.

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