Henry David Thoreau
Yoyiana Ahumada
La épica del peñero. Ese punto y final del artículo
de Alberto Barrera Tyzka, me dejó suspendida pensando. Removida por aquella
lanza que suele ser una frase feliz se dibujó ante mis ojos la hazaña que a la manera
del famoso escapista Harry Houdini, Henrique Capriles Randonski se ingenió, ante
la tentativa oficialista de impedir su llegada a Puerto Cabello. Alrededor de unos
200 partidarios del Presidente se apostaron en la pista, violando todas las
normas de seguridad, del reglamento electoral y los mínimos acuerdos de
respeto, tolerancia y derechos del adversario político.
Sin enfrentamientos, sin engancharse en la
provocación del sector oficial, pero sin claudicar en su objetivo, Henrique
obvió la aparente única vía para desplazarse y se dispuso a tomar “su propio y
original camino”: un peñero proporcionado por los pescadores para arribar a su
destino por mar.
La huida hacia adelante ideada por
Capriles, desde el aeropuerto Bartolomé Salom, no pasaría de ser una anécdota
más de la leyenda popular que se ha erigido tras cada kilómetro recorrido, si
no fuera por el significado que trae sobre si la épica del peñero. El correcaminos,
un joven y atlético hombre que apenas
roza los 40 años, se ha echado encima la desesperanza, la crispación y el miedo
de todo un país que parecía estar casi a punto de renunciar a la idea de
futuro.
Frente a un coyote cansado, gastado,
inflado por el odio y resentimiento, siempre jugando a ser el vivo y que termina
por ser el perdedor, el diente roto. La imagen de un muchachito de la derecha,
que además carga el san benito de haberse escurrido por el techo de la embajada
de Cuba el 11 de abril, de terrorista, lucia como un contendor fácil de barrer.
Pero el burlista, el siempre jaquetón e hinchado mandatario, resulta desde hace
un año el burlado una y otra vez el por el incansable escurridizo, vital,
alegre y por qué no decirlo amoroso flaquito.
El 12 de septiembre quedaba impreso en el
imaginario del venezolano, el mensaje de que hay que insistir sin dejarse
vencer ante un objetivo. El valor del coraje, la capacidad de sostener un
compromiso sin excusas, hasta el final, la inteligencia amorosa de plantarse
ante el adversario desde la no violencia activa, y la resistencia pacífica
cobraron cuerpo cuando ya acomodado en el peñero, Henrique levantaba la mano,
rumbo a la promesa de hablar pero sobre todo de escuchar a los habitantes de
uno de los puertos comerciales más importantes del país que ha sido golpeado
con el mazo del autoritarismo y la centralización, al entrar en su
administración además de los militares-desde la figura de los bolipuertos- un
número importante de personal cubano.
Un
nuevo relato, se está contando, ese donde un joven, que ha sido Diputado al
extinto Congreso de la República, Alcalde de Baruta y Gobernador exitoso de uno
de los estados más complejos y extensos del territorio nacional, Miranda;
militante de un partido político democrático Primero Justicia, se enfrentaba
con los escudos de su inteligencia y habilidad políticas a un estado-gobierno
obeso, paquidérmico, pero cruel y dispuesto a aplastar a todo aquel cuyo deseo
contradiga el “manifiesto” del corazón de la patria. Esa imagen del joven que
ha dejado a la violencia sin destino en los cuerpos furiosos de sus adversarios,
armados ilegalmente, que no responde a las provocaciones del primer
mandatario, da cuenta de la lucha de un
civil, un civil absoluto, como diría Consalvi, que enfrenta el poder que se
cierne en su contra, y por ende de todos sus conciudadanos, con las armas del
pacifista, las tácticas no reactivas frente al feroz enemigo, sino activas y
creativas para obtener su objetivo: en este caso la concentración a la cual se
calcula asistieron unos 20 mil carabobeños. Y mutatis mutandi, la Presidencia
de la República para devolverla al camino democrático y civilista.
Aquel mediodía estallaba en las pantallas
de los televisores, la historia de un hombre que no necesita desenterrar huesos
ni recuerdos, tampoco decretarse épicas,
apropiarse de mitos ajenos, mucho menos de terciarse la espada ni el cinturón
de Bolívar a la manera del Americano Ilustrado, porque lleva en su andar y su
buen hacer la épica de un ciudadano. “El flaco llegó por mar” era el santo y
seña de todos quienes se sintieron recompensados por el cumplimiento de la
promesa de estar. Henrique cual héroe
griego venció los obstáculos pero dejo en el aire y en los corazones afligidas
un ethos frente al pathos que nos
gobierna desde hace 14 años.
Ese venezolano que estudió en una
universidad de las de tradición y prestigio académicos, que conoce lo que significa
participar en las elecciones en un centro de estudiantes, que ha recorrido los
tránsitos de la democracia, e incluso asumió su condena y pagó cárcel. Frente a un hombre que asaltó el poder, que se
hizo parte de un monstruoso artefacto mediático, que ignora lo que es el costo
de la vida porque hasta las botas que llevaba puestas aquella nefasta madrugada
del 4 de febrero, las pagamos nosotros, la res-pública con nuestra cuota de la
renta petrolera. Un teniente coronel, que ni un presupuesto familiar ha administrado
en sus 56 años de vida, y que como el
civil estuvo tras las rejas modo vip con los beneficios obtenidos gracias a la
viveza que hasta féminas le procuró.
El flaco como lo ha bautizado el cariño
popular. Ha levantado una ola de
esperanza en el pueblo venezolano a lo largo de ese recorrido de más de 240
pueblos que lleva visitados- El flaco se levanta como una leyenda en una hazaña
donde no hay fusiles, ni cañones, tampoco batallones, ni milicias. La suya es
la gesta más trascendental de la historia venezolana contemporánea, la que se
erige sobre el deseo de construir un país en paz, un país que espere menos el
milagro y trabaje duro por el esfuerzo al logro, un país con educación habitado
por ciudadanos y no por vasallos-mendigos que dependan del estado
mágico-padrecastrador-aparentemente proveedor, un país donde los sueños tengan
cabida porque el derecho a la vida esté garantizado. La virgen del Carmen cuida
a los pescadores, esa tarde Henrique fue uno más de ellos. La estela del peñero
es el camino. Y su épica la nueva historia por escribirse.

Gracias por poner en letras el País de Ciudadanos que muchos soñamos!
ResponderEliminarSólo revisaría lo de asumir condena y pagar cárcel. En realidad nunca lo condenaron, lo encarcelaron antes del juicio y el juicio en todas sus versiones no lo encontró culpable.
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