martes, 25 de septiembre de 2012

La épica del peñero

“La verdadera civilidad es la esperanza y la confianza en los seres humanos.”
Henry David Thoreau

Yoyiana Ahumada

La épica del peñero. Ese punto y final del artículo de Alberto Barrera Tyzka, me dejó suspendida pensando. Removida por aquella lanza que suele ser una frase feliz se dibujó ante mis ojos la hazaña que a la manera del famoso escapista Harry Houdini, Henrique Capriles Randonski se ingenió, ante la tentativa oficialista de impedir su llegada a Puerto Cabello. Alrededor de unos 200 partidarios del Presidente se apostaron en la pista, violando todas las normas de seguridad, del reglamento electoral y los mínimos acuerdos de respeto, tolerancia y derechos del adversario político. 

Sin enfrentamientos, sin engancharse en la provocación del sector oficial, pero sin claudicar en su objetivo, Henrique obvió la aparente única vía para desplazarse y se dispuso a tomar “su propio y original camino”: un peñero proporcionado por los pescadores para arribar a su destino por mar.

La huida hacia adelante ideada por Capriles, desde el aeropuerto Bartolomé Salom, no pasaría de ser una anécdota más de la leyenda popular que se ha erigido tras cada kilómetro recorrido, si no fuera por el significado que trae sobre si la épica del peñero. El correcaminos, un  joven y atlético hombre que apenas roza los 40 años, se ha echado encima la desesperanza, la crispación y el miedo de todo un país que parecía estar casi a punto de renunciar a la idea de futuro. 

Frente a un coyote cansado, gastado, inflado por el odio y resentimiento, siempre jugando a ser el vivo y que termina por ser el perdedor, el diente roto. La imagen de un muchachito de la derecha, que además carga el san benito de haberse escurrido por el techo de la embajada de Cuba el 11 de abril, de terrorista, lucia como un contendor fácil de barrer. Pero el burlista, el siempre jaquetón e hinchado mandatario, resulta desde hace un año el burlado una y otra vez el por el incansable escurridizo, vital, alegre y por qué no decirlo amoroso flaquito. 

El 12 de septiembre quedaba impreso en el imaginario del venezolano, el mensaje de que hay que insistir sin dejarse vencer ante un objetivo. El valor del coraje, la capacidad de sostener un compromiso sin excusas, hasta el final, la inteligencia amorosa de plantarse ante el adversario desde la no violencia activa, y la resistencia pacífica cobraron cuerpo cuando ya acomodado en el peñero, Henrique levantaba la mano, rumbo a la promesa de hablar pero sobre todo de escuchar a los habitantes de uno de los puertos comerciales más importantes del país que ha sido golpeado con el mazo del autoritarismo y la centralización, al entrar en su administración además de los militares-desde la figura de los bolipuertos- un número importante de personal cubano. 

 Un nuevo relato, se está contando, ese donde un joven, que ha sido Diputado al extinto Congreso de la República, Alcalde de Baruta y Gobernador exitoso de uno de los estados más complejos y extensos del territorio nacional, Miranda; militante de un partido político democrático Primero Justicia, se enfrentaba con los escudos de su inteligencia y habilidad políticas a un estado-gobierno obeso, paquidérmico, pero cruel y dispuesto a aplastar a todo aquel cuyo deseo contradiga el “manifiesto” del corazón de la patria. Esa imagen del joven que ha dejado a la violencia sin destino en los cuerpos furiosos de sus adversarios, armados ilegalmente, que no responde a las provocaciones del primer mandatario,  da cuenta de la lucha de un civil, un civil absoluto, como diría Consalvi, que enfrenta el poder que se cierne en su contra, y por ende de todos sus conciudadanos, con las armas del pacifista, las tácticas no reactivas frente al feroz enemigo, sino activas y creativas para obtener su objetivo: en este caso la concentración a la cual se calcula asistieron unos 20 mil carabobeños. Y mutatis mutandi, la Presidencia de la República para devolverla al camino democrático y civilista. 

Aquel mediodía estallaba en las pantallas de los televisores, la historia de un hombre que no necesita desenterrar huesos ni recuerdos,  tampoco decretarse épicas, apropiarse de mitos ajenos, mucho menos de terciarse la espada ni el cinturón de Bolívar a la manera del Americano Ilustrado, porque lleva en su andar y su buen hacer la épica de un ciudadano. “El flaco llegó por mar” era el santo y seña de todos quienes se sintieron recompensados por el cumplimiento de la promesa de estar.  Henrique cual héroe griego venció los obstáculos pero dejo en el aire y en los corazones afligidas un ethos  frente al pathos que nos gobierna desde hace 14 años. 

Ese venezolano que estudió en una universidad de las de tradición y prestigio académicos, que conoce lo que significa participar en las elecciones en un centro de estudiantes, que ha recorrido los tránsitos de la democracia, e incluso asumió su condena y pagó cárcel.  Frente a un hombre que asaltó el poder, que se hizo parte de un monstruoso artefacto mediático, que ignora lo que es el costo de la vida porque hasta las botas que llevaba puestas aquella nefasta madrugada del 4 de febrero, las pagamos nosotros, la res-pública con nuestra cuota de la renta petrolera. Un teniente coronel, que ni un presupuesto familiar ha administrado en sus 56 años de vida, y  que como el civil estuvo tras las rejas modo vip con los beneficios obtenidos gracias a la viveza que  hasta féminas le procuró. 

El flaco como lo ha bautizado el cariño popular.  Ha levantado una ola de esperanza en el pueblo venezolano a lo largo de ese recorrido de más de 240 pueblos que lleva visitados- El flaco se levanta como una leyenda en una hazaña donde no hay fusiles, ni cañones, tampoco batallones, ni milicias. La suya es la gesta más trascendental de la historia venezolana contemporánea, la que se erige sobre el deseo de construir un país en paz, un país que espere menos el milagro y trabaje duro por el esfuerzo al logro, un país con educación habitado por ciudadanos y no por vasallos-mendigos que dependan del estado mágico-padrecastrador-aparentemente proveedor, un país donde los sueños tengan cabida porque el derecho a la vida esté garantizado. La virgen del Carmen cuida a los pescadores, esa tarde Henrique fue uno más de ellos. La estela del peñero es el camino. Y su épica la nueva historia por escribirse.

2 comentarios:

  1. Gracias por poner en letras el País de Ciudadanos que muchos soñamos!

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  2. Sólo revisaría lo de asumir condena y pagar cárcel. En realidad nunca lo condenaron, lo encarcelaron antes del juicio y el juicio en todas sus versiones no lo encontró culpable.

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