Cuando la ausencia de diálogo durante estos 14
años llegó a los extremos de la violencia escenificada en el propio parlamento
venezolano, el tema vuelve a ser mencionado como un camino hacia la convivencia
entre proyectos antagónicos.
Si algo ha caracterizado a este régimen elegido
en 1998, es su incapacidad genética para el debate. El tema del necesario
diálogo siempre apareció inmediatamente después de un pico de las tantas crisis
que han sacudido la vida política del país. Que yo recuerde (ustedes pueden
corregirme) nunca observé que, después del anuncio ritual de “la necesidad del
diálogo” y de la designación de “una comisión para dialogar” en la que siempre
aparecía el rostro de José Vicente Rangel, se produjera algún encuentro entre
los voceros calificados y anunciaran algunos acuerdos (a menos que ustedes
sepan de algunas reuniones secretas).
Hoy se habla nuevamente de la necesidad de que
las dos mitades se miren a los ojos y discutan sobre temas que garanticen un
clima de paz y respeto para la convivencia futura. Todos los sectores lo piden,
unos con mayor credibilidad que otros, pero nadie niega la pertinencia de
sentarse a conversar y lograr unos acuerdos mínimos.
Después del asalto de la bancada de la Unidad
por parlamentarios del Gobierno con saldo de 7 heridos; acción que fue
precedida por el golpe propinado a Willian Dávila unos días antes, y del
conocimiento de las imágenes que nos expuso al mundo como una horda de
vándalos, el tema se apoderó del espacio de las esperanzas de muchos
venezolanos.
Ahora bien. Ustedes vieron alguna vez que el
desaparecido presidente Chávez se reunió con sus adversarios para dialogar
sobre cualquier tema?
Alguien conoce de algún acuerdo logrado por
aquellas comisiones de dialogantes designados para hablar con la oposición?
Dialogar no es conversar alrededor de un
cafecito.
A estas alturas, un diálogo que rescate la relación civilizada entre
las fuerzas políticas debe estar sustentado en acuerdos que garanticen las
bases más elementales del reconocimiento, la tolerancia y el respeto.
Y entonces caemos en el terreno de las
preguntas:
- Tienen derecho de palabra los diputados de la
Unidad sin condiciones previas?
- Se podrá elegir un nuevo CNE, equilibrado e
independiente?
- La programación de ANTV responderá a la
pluralidad y proporcionalidad de la integración de la Asamblea?
- Se designará el resto de los poderes con
criterios de independencia?
- Se asignarán y entregarán oportunamente los
recursos previstos a los gobiernos locales?
- Se integrarán las políticas de la gestión
pública con gobernaciones y alcaldías sin importar su orientación política?
- Cesará la política del Ejecutivo de designar
gobiernos paralelos en aquellas regiones donde no gobiernan militares del Psuv?
Bueno, podemos seguir con las preguntas cuyas
respuestas abrirían el camino del diálogo y la convivencia pacífica, pero me
parece que las respuestas no están muy claras.
Estas (y muchas otras) preguntas deberían tener
respuestas positivas para poder seguir hablando en serio de diálogo en
Venezuela.
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