lunes, 6 de mayo de 2013

El diálogo como distracción

[Eduardo Orozco]


Cuando la ausencia de diálogo durante estos 14 años llegó a los extremos de la violencia escenificada en el propio parlamento venezolano, el tema vuelve a ser mencionado como un camino hacia la convivencia entre proyectos antagónicos.

Si algo ha caracterizado a este régimen elegido en 1998, es su incapacidad genética para el debate. El tema del necesario diálogo siempre apareció inmediatamente después de un pico de las tantas crisis que han sacudido la vida política del país. Que yo recuerde (ustedes pueden corregirme) nunca observé que, después del anuncio ritual de “la necesidad del diálogo” y de la designación de “una comisión para dialogar” en la que siempre aparecía el rostro de José Vicente Rangel, se produjera algún encuentro entre los voceros calificados y anunciaran algunos acuerdos (a menos que ustedes sepan de algunas reuniones secretas).

Hoy se habla nuevamente de la necesidad de que las dos mitades se miren a los ojos y discutan sobre temas que garanticen un clima de paz y respeto para la convivencia futura. Todos los sectores lo piden, unos con mayor credibilidad que otros, pero nadie niega la pertinencia de sentarse a conversar y lograr unos acuerdos mínimos.

Después del asalto de la bancada de la Unidad por parlamentarios del Gobierno con saldo de 7 heridos; acción que fue precedida por el golpe propinado a Willian Dávila unos días antes, y del conocimiento de las imágenes que nos expuso al mundo como una horda de vándalos, el tema se apoderó del espacio de las esperanzas de muchos venezolanos.

Ahora bien. Ustedes vieron alguna vez que el desaparecido presidente Chávez se reunió con sus adversarios para dialogar sobre cualquier tema?

Alguien conoce de algún acuerdo logrado por aquellas comisiones de dialogantes designados para hablar con la oposición?

Dialogar no es conversar alrededor de un cafecito. 
A estas alturas, un diálogo que rescate la relación civilizada entre las fuerzas políticas debe estar sustentado en acuerdos que garanticen las bases más elementales del reconocimiento, la tolerancia y el respeto.

Y entonces caemos en el terreno de las preguntas:
- Tienen derecho de palabra los diputados de la Unidad sin condiciones previas?
- Se podrá elegir un nuevo CNE, equilibrado e independiente?
- La programación de ANTV responderá a la pluralidad y proporcionalidad de la integración de la Asamblea?
- Se designará el resto de los poderes con criterios de independencia?
- Se asignarán y entregarán oportunamente los recursos previstos a los gobiernos locales?
- Se integrarán las políticas de la gestión pública con gobernaciones y alcaldías sin importar su orientación política?
- Cesará la política del Ejecutivo de designar gobiernos paralelos en aquellas regiones donde no gobiernan militares del Psuv?

Bueno, podemos seguir con las preguntas cuyas respuestas abrirían el camino del diálogo y la convivencia pacífica, pero me parece que las respuestas no están muy claras.

Estas (y muchas otras) preguntas deberían tener respuestas positivas para poder seguir hablando en serio de diálogo en Venezuela.

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