Al guía espiritual de “República Bolivariana” (RB)
estaría por ofrendársele la culminación del país que perseguía en su rumbo
indetenible hacia “el mar de la felicidad”, al terminar de amordazar a
cualquier costo a medios informadores sobre violencia, desmadre del costo de la vida, golpe de muerte al bolívar “fuerte”, desabastecimiento de alimentos, medicinas, demás
productos básicos y repuestos; oferta laboral proselitista; apagones, cortes de
agua y teléfono; los cuales el régimen ignora con cara de “yo no fui”. Más les
valdría incluso, si silenciaran de ñapa la persecución a todo tipo de
disidencia, la represión de protestas callejeras, el trato inhumano a presos
políticos, y los ilícitos electorales.
Como en la Cuba apropiada por los dictadores comunistas
Castro hace 54 años, ahora en su territorio extendido de la “RB”, desde hace
14, también se eliminarán “mensajes negativos” y desparecerán calamidades con
solo dejarlas de mencionar en televisión,
radio y prensa, aunque el pueblo
las sufra callado y desesperanzado por agravada sordera de los responsables de
sus penurias.
[Josué Fernández Alvarado]
En Naciones Unidas ya se
vislumbra el día en que rescatarán credibilidad perdida después de su informe conocido
en 2013 sobre el segundo puesto alcanzado por “RB” en Latinoamérica, solo
detrás de Costa Rica, entre las naciones “más felices del Mundo”. De allí vendría
su regocijo por recientes abrazos y sonrisas de los amos de Venevisión y
Televén en el palacio presidencial de “Miraflores”, y el consiguiente anuncio del vicepresidente ejecutivo, Jorge
Arreaza, al salir de dicha reunión: "Estuvimos analizando un nuevo
modelo de televisión que lleve como eje la paz, la tranquilidad y donde
nuestros niños puedan ver con tranquilidad la tv, sin recibir mensajes
negativos".
La enmienda a la plana
de Naciones Unidas continuaría al desvelarse compromiso semejante de parte de
los nuevos dueños de Globovisión, con ostensible agregado propósito de filtrar
denuncias “en vivo” del líder opositor respaldado
por media población. “Ustedes saben por qué Globovisión no podía venir al
Palacio de Miraflores y eso nunca más va a pasar”, apuntaría Juan Domingo Cordero,
quizás adelantando complacencia editorial a cambio. Mientras se extinga la
libertad de expresión e información, reponiendo el decreto de felicidad en el
enclave castro-comunista cubano de tierra firme, la verdad deberá aguardar por testimonios como
los de Maria Elena Lavaud y “La Habana sin tacones”, o reportajes fotográficos como
los de Jorge Royan de Argentina, sobre Cuba, disponibles en
internet.







