[Carlos Roa Viana]
La sobrevenida campaña
electoral sorprende a este servidor en tierras costarricenses por motivos
laborales, y con especial angustia por la circunstancia límite a la cual se ve
sometida nuestra nación ante el fallecimiento del pretendido “hombre
imprescindible” y la imposición -por vía del poder avasallante-, de un
candidato oficialista que despierta serias dudas hasta en la misma tolda
roja.
De nuestro lado, Capriles
recoge nuevamente la bandera del imprescindible cambio que haga viable la vida
de los venezolanos y nos encamine hacia la paz y el bienestar.
Si bien lamento no estar
físicamente en Venezuela, también entiendo que he venido en buena hora a esta
nación centroamericana, donde estoy viendo mucho de lo que quisiera que suceda
en nuestro suelo.
Un país que vive del turismo,
de la excelente atención de sus ciudadanos a los visitantes, donde no hay una
persona que no nos dé los buenos días en la calle y cualquiera que sea
requerido para solucionar un inconveniente pone todo su empeño en complacer al
solicitante. El trabajo en la educación ha rendido amplios frutos que se
sienten a cada paso.
Costa Rica vivió una guerra
civil en 1948. Con dolor y sangre aprendieron la dura lección. En diciembre de
ese año se convirtieron en la primera nación del mundo que abolió su ejército.
Decidieron cambiar armas por libros y hoy se ven los resultados: ostentan la
democracia más antigua de América Latina, una de las 22 más longevas del
planeta.
Costa Rica ocupa el quinto
lugar a nivel mundial en la clasificación del índice de desempeño ambiental de
2012 y el primer lugar entre los países del continente americano. En la
clasificación de competitividad turística de 2011, se ubicó en el lugar 44 a
nivel mundial y en segundo a nivel latinoamericano. Se cataloga en 2011 como el
país con mayor libertad de prensa de América Latina y el número 19 a nivel
mundial, según Reporteros sin Fronteras. De acuerdo al Índice de la Paz Global
2012, está en el tercer lugar entre los países más seguros de América Latina,
superado sólo por Chile y Uruguay.
Su índice de desarrollo
humano de 2012 es el séptimo mejor de Latinoamérica y el segundo en América
Central. Para 2010, según el Índice de Desigualdad de Género, es el país
más igualitario de América Latina.13 En 2010 el PNUD destacó que Costa Rica
está entre los pocos países que han alcanzado un desarrollo humano mucho más
alto que otros países de su mismo nivel de ingreso. En el reporte del PNUD de
2013, fue el país que registró la mayor esperanza de vida de América Latina:
79.4 años.
Al recorrer la ciudad de San
José, vemos carteles de cómo la empresa privada patrocina cultura y deporte,
además de mantener junto con el gobierno los espacios públicos. Afiches de
organismos internacionales colocados estratégicamente incentivan hábitos de
higiene.
Es una nación ecológica,
preocupada por lo verde, con numerosos espacios en la ciudad para el tranquilo
disfrute de todos. El turismo en armonía con la naturaleza es su mayor
fortaleza, para no hablar de su mundialmente célebre café. En su principal
aeropuerto las vallas promocionan al país, a sus paisajes, a sus
manifestaciones culturales; no a eslóganes políticos ni a rostros de
individuos. Me ha costado ver el rostro de la discreta y formal presidente
Laura Chinchilla en la TV local. No esconde ni destruye su historia, tampoco la
manipula. Hay orgullo de lo vivido porque ha sido bueno y se muestra al
turista.
Salí de un país donde se
gritaba “Patria, socialismo o muerte” para llegar a otro donde me recibieron
con un “Pura vida”, el lema nacional. Hay quienes me dicen que si me gusta
tanto, pues me quede aquí. No lo haré. Vine a trabajar porque me brindaron la
oportunidad, voy a aprender algo de lo que esta gente ejemplar tiene para enseñarnos
y me lo llevo a mi tierra. Quisiera que nuestra nación también fuera “Pura
vida".
San José, 18 de marzo de 2013
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