[Eduardo Orozco]
Dejemos a los expertos intentar explicaciones sobre lo
que, para muchos, es el inexplicable triunfo de Chávez.
Las palabras de Enrique Capriles la noche del 07 de
octubre dejaron un buen sabor ante el amargo anuncio de Tibisay Lucena con las
cifras “irreversibles” que garantizan 6 años más de gobierno Bolivariano.
Capriles ratificó su compromiso con todos los
venezolanos y, especialmente, con los 6 millones de ciudadanos que depositaron
su confianza en el cambio que él encarnaba, al tiempo que agradecía ese
respaldo y el cariño que recibía en todos los rincones de los pueblos
visitados.
“Allí hay un camino”, insistió. Y en ese camino están
otras paradas electorales: la elección de gobernadores, alcaldes y la
renovación de la Asamblea Nacional, antes de una nueva elección presidencial en
2018.
Es un largo camino, ciertamente. Pero que la oposición
asume en mejores condiciones que en procesos anteriores. Ya Aveledo lo recordaba: ahora más que nunca hay que
fortalecer la unidad de la opción del progreso y eso significa la consolidación
de la Mesa de Unidad Democrática para enfrentar juntos los nuevos retos.
Pero llegar a las distintas elecciones se requiere
aumentar la conexión con los ciudadanos mediante una propuesta clara que supere
el modelo populista y autoritario triunfador este 07 de octubre.
Es un arduo camino. Hay que enfrentar un clima
político impuesto por los recientes resultados, donde el que gana se lo lleva
todo, hasta el optimismo; una lucha desigual porque se trata de todo el poder
del Estado en manos de un partido y un líder enardecido que utiliza sin
escrúpulos todos los recursos para imponer un modelo clientelar y populista
denominado “socialismo”.
Pero es el camino. Esta demostrado que hay una
importante recuperación histórica de la votación opositora y la consolidación
del acuerdo unitario a largo plazo logrará la recuperación de los valores de
justicia y democracia para todos los venezolanos.
La propuesta democrática debe demostrar su
superioridad moral y política sobre una propuesta basada en el poder carismático y
el uso demagógico de los recursos de la renta petrolera. En el liderazgo
opositor se deben superar propuestas y modelos anteriores para profundizar una
visión en la que se perciba la idea de progreso para todos sin sacrificar la
libertad individual ni las conquistas sociales.
Esta larga marcha ha comenzado.




